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Creatividad

De la cama al plató: mi día tipo como creadora (con todos los trucos que no enseño en stories)

Ana Buitrago
De la cama al plató: mi día tipo como creadora (con todos los trucos que no enseño en stories)

Photo: Johnston, Frances Benjamin, 1864-1952, photographer, Public domain, via Wikimedia Commons

Si me hubieran preguntado hace cinco años cómo era un día de trabajo, habría imaginado algo muy distinto a lo que vivo ahora. Nada de despertar a las cinco de la mañana con el maquillaje ya puesto ni de vidas perfectas: mi día empieza más humilde, pero con una estructura que me ha cambiado la manera de crear.

La mañana: inspiración antes que notificaciones

Lo primero que hago al despertar es algo que aprendí por las malas: no tocar el móvil durante la primera media hora. Antes abría Instagram en cuanto abría los ojos y ahí se me iba la energía. Ahora desayuno café con leche (soy muy de tostada con tomate, no me lo juzguéis) y leo o veo algo que me inspire: un editorial de moda, un capítulo de un podcast como Diseña tu vida creativa, o simplemente mi cuaderno de ideas.

Tengo un cuaderno físico donde apunto todo lo que se me ocurre: poses, paletas de colores, localizaciones que veo por la calle, frases para un reel. Es cutre, es de papel, y es mi herramienta más valiosa. La tecnología se actualiza; el hábito de observar, no.

El bloque de creación: mi regla de las 90 minutos

Mi cerebro no funciona con jornadas infinitas. Funciona con bloques. Trabajo en intervalos de 90 minutos con descansos reales (bailar una canción en el salón cuenta como descanso, y mucho).

Un día típico lo divido así:

Herramientas que de verdad uso (y no me pagan por nombrar)

No hace falta un arsenal carísimo para empezar. Esto es lo que hay en mi kit diario:

  1. Notion para el calendario de contenidos y el seguimiento de colaboraciones. Tengo una plantilla con estados: propuesta, negociación, entregado, cobrado.
  2. Lightroom móvil para editar en un viaje en metro, porque el trabajo no siempre ocurre delante del ordenador.
  3. Google Calendar con colores por tipo de tarea: rosa para rodajes, azul para administración, verde para descanso. El verde no se negocia.
  4. Un trípode decente y un aro de luz. Menos de 80 euros y te cambian la vida si empiezas desde casa.

Cómo gestiono las colaboraciones con marcas

La parte que nadie te explica: cuando tu pasión se vuelve negocio, aparecen los presupuestos, los plazos y los correos que se quedan sin respuesta. Mi consejo número uno es tener una tarifa mínima por la que trabajarías y no bajar de ella salvo que el proyecto te ilusione de verdad. Tu tiempo tiene valor, y las marcas lo respetan más cuando tú lo respetas primero.

También llevo un registro de cada colaboración: qué entregué, cuándo se publicó, si me pagaron. Suena aburrido, pero es lo que separa un proyecto profesional de una afición caótica.

Los días malos también cuentan

No todo es flujo creativo y luz dorada. Hay días en los que la cámara me parece un enemigo y las ideas no llegan. En esos días hago una de dos cosas: o trabajo en tareas mecánicas (organizar archivos, limpiar el fondo donde fotografío) o salgo a caminar sin objetivo. La creatividad no se fuerza, se cultiva.

Si estás empezando y quieres convertir tu pasión en algo más, mi resumen sería este: constancia pequeña todos los días gana a inspiración épica una vez al mes. No necesitas el equipo perfecto ni mil seguidores. Necesitas una rutina que te sostenga cuando la motivación se va de vacaciones.

Y si me ves por Madrid con un cuaderno lleno de garabatos, ya sabes qué es: la próxima idea en construcción. Nos leemos en la próxima entrada, donde os cuento cómo preparo una sesión de fotos de principio a fin.

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