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Una impostora con mi cara: el día que descubrí que proteger tu nombre no es opcional

Ana Buitrago
Una impostora con mi cara: el día que descubrí que proteger tu nombre no es opcional

Photo: Shixart1985, CC BY 2.0, via Wikimedia Commons

Fue un martes por la tarde. Estaba en una cafetería de Malasaña, con el café ya frío, cuando me llegó un DM: «Ana, ¿has cambiado de cuenta? Vi que me seguiste desde otro perfil». Pensé que era un error cualquiera de Instagram y le di las gracias sin darle importancia.

Error. Tres días después, esa cuenta que no era mía ya tenía dos mil seguidores, publicaba fotos mías robadas del portfolio y ofrecía «colaboraciones de pago» que, claro está, exigían una transferencia por adelantado. Una impostora con mi cara, mi nombre y mi trabajo. Y yo sin haber hecho nada para impedirlo.

Lo que nadie te dice cuando empiezas

Cuando montas tu presencia online, todo el mundo te habla de contenido, de constancia, de engagement. Nadie te habla de propiedad. Y ojo, que no soy abogada ni pretendo parecerlo: esto es simplemente lo que viví yo y lo que me habría ahorrado un disgusto enorme de saberlo antes.

Lo primero que entendí es que en España tu nombre de pila es tuyo, sí, pero tu nombre artístico —esa combinación con la que te conocen en redes, la que pone en tu web— puede usarla cualquiera si no la registras. Ana Buitrago como persona soy yo; como marca, en teoría, era un campo libre hasta que alguien decidiera lo contrario.

El registro de marca, sin palabrotas legales

Registrar una marca en España se hace a través de la OEPM (la Oficina Española de Patentes y Marcas) y, contra lo que pensaba, no es un proceso reservado a multinacionales. Presentas la solicitud por internet, eliges las clases en las que quieres protegerte —para una creadora, básicamente entretenimiento, publicidad y servicios de formación— y pagas una tasa que, si lo haces tú misma sin intermediarios, ronda los 150-180 euros para una clase.

¿Necesitas un agente? No obligatoriamente. ¿Recomendable si tu caso tiene matices? Seguramente. Yo lo hice sola, con callos en las manos de tanto leer la documentación, y me fue bien. Pero reconozco que me tocó reiniciar la solicitud dos veces por elegir mal una clasificación.

Consejo práctico: registra también el nombre «defensivamente». Si en redes te conocen como @anabuitrago pero en tu web eres Ana Buitrago Studio, piensa en cubrir ambas. Lo barato sale caro después.

Los dominios: la parte más barata y más olvidada

Aquí me pillaste bien, porque esto sí lo hice desde el principio. Compré ana-buitrago.com antes de tener web, antes de tener contenido, casi antes de tener criterio. Costó menos de quince euros al año y me ahorró el escenario de ver mi nombre en manos de un ciberokupa pidiendo tres mil euros por devolvérmelo.

Si tu nombre artístico tiene alguna variante —con guión, sin guión, con tilde— valora hacerse con las versiones obvias. No hace falta ser un loco del dominio, pero el básico de sentido común sí.

La cuenta impostora: mi desmadre en tres actos

Acto uno: pánico. Al ver la cuenta falsa, mi primer impulso fue responder desde el anger. Denuncié el perfil por suplantación dentro de Instagram, avisé en mis stories para que nadie cayera en la trampa y me quedé esperando.

Acto dos: burocracia. Instagram tardó nueve días en retirarla. Nueve días en los que la impostora siguió estafando a al menos dos personas, según me contaron por mensaje. Aprendí a documentarlo todo: capturas de pantalla con fecha, correos, números de incidencia. Si el tema se tuerce, esa evidencia vale oro.

Acto tres: aprendizaje. Con la marca ya en trámite y las capturas guardadas, el proceso me salió adelante con mucha menos fricción de la que habría tenido sin registro. Y sobre todo, pude avisar con autoridad: «ese perfil no soy yo, y puedo demostrarlo».

¿Cuánto me costó todo esto?

Vamos con números, que es lo que a mí me habría gustado leer: unos 170 euros de la marca en una clase (después añadí una segunda, otros 130), 15 euros al año del dominio, y un fin de semana entero de trámites y papeleo que no tiene precio pero sí maldiciones. Comparen eso con el desgaste de ver cómo alguien usa tu cara para engañar a tu gente.

Lo que haría hoy si empezara de cero

Mi checklist para cualquier creadora que esté despegando, en orden de urgencia:

  1. El dominio. Hoy mismo. Es lo más barato y lo más fácil de perder.
  2. Verificar y proteger las cuentas en todas las plataformas, no solo en la principal.
  3. El registro de marca cuando el nombre empiece a tener valor comercial, es decir, antes de lo que crees.
  4. Un archivo de capturas de tu trabajo y tus perfiles, actualizado de vez en cuando. Suena paranoico; es solo higiene.

Hay una frase que me repito desde entonces: tu nombre es el primer contenido que creas y el único que no puedes volver a grabar si se estropea. Cuídale como tal.

¿Y si te estás diciendo «es que yo aún soy pequeña para estas cosas»? Justo eso pensaba yo el día que me llegó aquel DM en la cafetería. Nadie es demasiado pequeño para que otro decida hacerse pasar por ti. De hecho, cuanto más pequeña eres, más fácil es que te crean.

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