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Apagón voluntario: mi ritual de desaparecer tres veces al año y volver con las pilas cargadas

Ana Buitrago
Apagón voluntario: mi ritual de desaparecer tres veces al año y volver con las pilas cargadas

Photo: Bambizoe from Dresden, Germany This image was originally posted to Flickr by Bambizoe at https://flickr.com/photos/30533963@N02/30688843648 (archive). It was reviewed on 6 November 2019 by FlickreviewR 2 and was confirmed to be licensed under

Hay una frase que me repito cada vez que estoy a punto de hacerlo: las redes no se caen si dejas de mirarlas. Y sin embargo, la primera vez que desaparecí —hace ya casi cuatro años— tardé tres días en dejar de coger el móvil por inercia, con el pulgar buscando un hueco que ya no existía.

Hoy ese silencio digital es un ritual tan sagrado para mí como el primer café de la mañana. Lo llamo mi retiro trimestral y te voy a contar todo lo que nadie cuenta sobre él: el antes, el durante y el después.

En qué consiste mi retiro (por si quieres copiarlo)

No es nada exótico. Cada tres meses, aproximadamente en el cambio de estación, desaparezco de Instagram y TikTok durante diez días. Diez días completos. Sin stories de «me voy unos días, nos vemos pronto», sin despedidas dramáticas, sin programar contenido con la sensación de que sigo ahí.

El ritual tiene tres pasos:

  1. Aviso con antelación. Dos semanas antes, lo menciono de forma natural en mis stories y dejo un post fijado explicando cuándo vuelvo.
  2. Borro las apps del móvil. No las pauso, no las limito: las borro. Si la fricción es pequeña, la tentación gana.
  3. Dejo un mensaje automático en el correo y en el enlace en bio con mis tiempos de respuesta y una nota de «vuelvo el día X».

Eso es todo. Nada de retiros en Bali ni desconexiones de mil euros. Un apagón doméstico, accesible, que cualquiera puede hacer desde su piso de alquiler en Malasaña o desde su pueblo en Almería.

Qué hago con ese tiempo (y no siempre es «crear más»)

Aquí viene la parte que más me preguntan. La gente asume que desaparezco para volver con veinte ideas brillantes, y la verdad es más sosa y más bonita a la vez: la mayoría de los días no hago nada productivo en el sentido de las métricas.

Leo novelas enteras. Me voy a la sierra con mi madre y me olvido del móvil en el coche. Hago un inventario honesto de mi trabajo: qué proyectos del último trimestre me llenaron y cuáles me dejaron vacía. Tengo un cuaderno —sí, de papel, de los de toda la vida— donde apunto tres preguntas: ¿qué hice que me enorgullece?, ¿qué hice por miedo?, ¿qué quiero que sea distinto?

Las mejores ideas de mi carrera no llegaron con el móvil en la mano. Llegaron en la ducha, en el mercadillo de El Rastro, en la cola del supermercado un martes cualquiera. El silencio no inventa ideas: les deja sitio.

La verdad sobre las métricas

Voy a ser la más sincera de tu timeline: sí, se nota. En mis primeros retiros perdía entre un 8 y un 12% de seguidores en esos diez días. Hoy, con una comunidad más consolidada, la caída es mínima y la recuperación llega en menos de un mes.

Pero aquí está lo interesante: el alcance de mi primer post tras volver suele ser un 30% superior a mi media. Parece que el algoritmo, igual que las personas, nota cuando alguien vuelve de verdad con algo que contar. Y los mensajes que recibo al reaparecer no son «qué alivio que has vuelto», sino «menuda energía, cuéntame más».

Mi salud mental, en cambio, no se mide en porcentajes. El primer retiro descubrí que mi ansiedad tenía nombre y apellidos: notificaciones. Al cuarto día ya me dormía sin esa vibración fantasma en la mano.

Cómo preparar a tu audiencia antes de irte

Si te animas, hazlo con cabeza. Mis claves:

Un apagón contracorriente

Vivimos en un país donde el «siempre disponible» se ha vuelto casi un requisito laboral, y en la creación de contenido esa presión se multiplica por mil. Desaparecer tres veces al año me ha enseñado lo contrario de lo que me vendieron: que mi valor no está en mi disponibilidad, sino en lo que traigo cuando vuelvo.

Si te lo estás pensando, empieza pequeño: un fin de semana. Un puente de diciembre. Lo que sea. Lo importante no es la duración, es demostrarte que el mundo sigue girando —y que tu creatividad también— sin que nadie pueda darle a tu botón de «ver historia».

Nos vemos después del próximo apagón. Volveré con las pilas puestas y, seguramente, con menos seguidores y más ideas. Cambio que me sale muy bien.

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