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Escucharme en las grabaciones me daba urticaria: así convertí mi acento en mi mejor tarjeta de visita

Ana Buitrago
Escucharme en las grabaciones me daba urticaria: así convertí mi acento en mi mejor tarjeta de visita

Photo: woman recording voiceover home studio microphone warm light, via img.freepik.com

Hay una escena que se repite en mi casa más de lo que me gustaría admitir: grabo un vídeo para una marca, le doy al play para revisarlo y ahí estoy, con la mano en la cara, poniendo la pausa a los tres segundos. ¿Esa voz soy yo? Sí, Ana, eres tú. Y no, no suena como suena dentro de tu cabeza.

Durante años odié escucharme. Y no por vanidad, sino por algo más profundo: en un país donde los creadores de contenido en inglés parecían tener el monopolio del "tono aspiracional", mi acento español me sonaba a defecto. A "se me nota mucho el acento". A "qué rura suena". Hasta que un día entendí que llevaba años intentando sonar a algo que no era yo.

El día que una marca me pidió que "sonara más neutra"

Me pasó hace unos años. Guion en mano, la persona de producción me dijo, muy amablemente, si podía "quitarle un poco el acento a las eses". Grabé tres tomas intentando sonar como una locutora de radio nacional que no existía. El resultado fue espantoso: ni yo me creía lo que decía, y se notaba en la pantalla.

La take que acabaron usando fue la primera. La que salió de forma natural, con mis «vale», mis erres vibrantes y mi entonación de Madrid con un punto manchego heredado de mi madre. El vídeo funcionó. Y yo me quedé pensando: si lo natural es lo que funciona, ¿a qué le estaba haciendo la guerra?

Por qué nos suena tan raro nuestra propia voz

Primero, lo técnico: cuando hablamos, percibimos nuestra voz por conducción ósea, con esos graves que amortiguan todo. Al escuchar una grabación, solo llega el sonido aéreo, más agudo y ajeno. Es física, no es que tu voz sea horrible.

Pero luego está lo cultural. Crecimos con doblajes perfectos, con locutores de radio con dicción de academia y con la idea de que para sonar "profesional" había que sonar a otro sitio. Las creadoras españolas que empezamos grabando en el salón de casa cargábamos con ese complejo: comparábamos nuestra voz de siempre con un estándar que no era el nuestro.

Los ejercicios que me devolvieron la confianza

No me convertí en locutora ni lo pretendía, pero sí aprendí a usar mejor mi instrumento. Esto es lo que hago antes de cualquier grabación, y lo comparto tal cual:

1. El bostezo-suspiro (dos minutos). Tres bostezos exagerados seguidos de un suspiro con sonido, de arriba abajo. Relaja la garganta y baja la tensión, que es lo que hace que suenemos chillonas o cortadas cuando estamos nerviosas.

2. Vibración de labios (el "motorcito"). Labios cerrados, hacer vibrar como un motor y recorrer escalas. Es el ejercicio más feo y más efectivo que existe. Calienta y da cuerpo al sonido.

3. Trabalenguas con exageración. Mi favorito: "Tres tristes tigres tragaban trigo en un trigal". Lo digo tres veces: lento, normal y exagerando las eses. En castellano las eses son oro, y si las escupes al hablar rápido, se pierde claridad.

4. Leer en voz alta con subrayados. Cualquier texto, marcando las palabras importantes. La dicción no va de hablar bonito, va de saber qué palabra merece el énfasis. Un guion bien leído suena cálido aunque sea un anuncio de seguro de coche.

5. Sonreír mientras hablas. Sí, literalmente. Se nota en el timbre, aunque no se vea. Es el truco más barato del mundo para sonar cercana.

De complejo a firma de marca

Aquí llegó el giro. Empecé a fijarme en las creadoras que admiro y descubrí algo obvio: ninguna suena "neutra". Las que conectan son las que suenan a sitio concreto, a gente concreta. Mi acento —con sus matices, sus «madre mía» y su ritmo— es exactamente lo que una marca alemana o mexicana reconoce como auténtico. Nadie más suena como yo.

Hoy, cuando una marca me pide grabar, hago lo contrario que antes: en vez de esconder el acento, lo abrazo. Repito el guion hasta que suena a mí contándote algo, no a mí recitando. Y cuando me llega el comentario de "se nota mucho que eres española", ya lo leo como lo que es: un cumplido.

Tu voz es la única parte de tu imagen que no se puede filtrar ni retocar. Eso, que antes me daba miedo, ahora me parece la mejor razón para dejarla tal cual es.

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